La economía de Quintana Roo atraviesa una fase de desaceleración que la colocó entre las tres entidades con peor desempeño del país, de acuerdo con el reporte más reciente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) correspondiente a agosto de 2026. En los últimos tres años, la actividad económica estatal registró una variación promedio anual de -4.5%, un contraste marcado frente al dinamismo que la entidad había mostrado tras la pandemia.
El dato más relevante es que Quintana Roo ya suma seis trimestres consecutivos con variaciones anuales negativas, una racha que confirma la pérdida de impulso en sectores que habían sostenido su crecimiento reciente. Aunque el turismo continúa mostrando algunos signos de actividad, el retroceso en la industria, especialmente en la construcción, ha pesado con fuerza en el resultado general.
Un retroceso que coincide con la caída industrial
El comportamiento económico de la entidad se explica, en parte, por la contracción de la construcción, una rama que en años recientes fue clave para mantener el crecimiento estatal gracias a desarrollos inmobiliarios y obras de infraestructura. Al disminuir ese ritmo, el efecto positivo se fue debilitando.
El panorama de Quintana Roo también forma parte de una tendencia nacional poco favorable. Según el reporte citado, el promedio de las economías estatales del país registró una variación anual de -0.16%, y solo 17 de las 32 entidades se mantuvieron en terreno positivo.
En ese contexto, Quintana Roo quedó por detrás únicamente de Campeche, con una contracción promedio anual de -8.6%, y de Tabasco, con -4.8%. La comparación regional también muestra contrastes: mientras Campeche y Quintana Roo aparecen entre los estados con mayores retrocesos, Yucatán reportó un crecimiento promedio cercano al 2%.
El fin del impulso pospandemia
Los datos del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) reflejan que el estado perdió la inercia que lo llevó a encabezar los primeros lugares de crecimiento nacional. Primero fue la reapertura turística, tras el golpe de la emergencia sanitaria, la que impulsó el repunte; después, la construcción reforzó esa dinámica. Pero ese efecto comenzó a agotarse.
Especialistas y representantes del sector privado consultados en la fuente coinciden en que la desaceleración no solo responde a un ciclo estadístico, sino también a una menor fortaleza del turismo y a la necesidad de diversificar la economía. Abelardo Vara Rivera, presidente del Grupo Cancún, consideró que se trata de un año particularmente complicado para la actividad turística, mientras que Sergio León Cervantes, del Comce Sur, advirtió sobre la importancia de impulsar otros sectores productivos.
Desde la perspectiva de quienes viven del turismo, la percepción es similar. Francisco Balam, trabajador con más de tres décadas en Cancún, describió una temporada de verano inusualmente débil y señaló que los periodos de alta ocupación ya no tienen la regularidad de antes.
En conjunto, las cifras y los testimonios apuntan a un cambio de ciclo para Quintana Roo: de ser una de las economías más dinámicas del país a enfrentar uno de sus momentos más frágiles. El reto inmediato será recuperar actividad sin depender solo del turismo y de la construcción, dos motores que hoy muestran señales de agotamiento.
Conclusión
Quintana Roo enfrenta una etapa de ajuste después del impulso extraordinario que recibió por la recuperación turística y la construcción. El desafío ahora es encontrar nuevos motores de crecimiento que permitan revertir la tendencia negativa sin depender de manera exclusiva de esos dos sectores.


