
La eliminación de la Selección Mexicana de la Copa Mundial de la FIFA 2026 pone fin a cuatro semanas de cohesión social, donde el fútbol funcionó como un catalizador de unidad nacional que suspendió de manera temporal la polarización política y las diferencias de clase.
De acuerdo con sociólogos y politólogos, este ambiente festivo permitió al país una pausa emocional frente a problemas crónicos como la inseguridad y la corrupción, los cuales regresan al primer plano tras la derrota.


