
Dinamarca se encamina a unas elecciones parlamentarias anticipadas después de que la primera ministra Mette Frederiksen convocara a los votantes a las urnas el 24 de marzo, meses antes de la fecha límite para celebrar nuevos comicios, el 31 de octubre.
En un clima político redefinido por las tensiones con Donald Trump sobre Groenlandia, y mientras Dinamarca reevalúa su seguridad y su relación con Washington, Frederiksen anunció que el periodo posterior a la votación para renovar al gobierno hasta por un cuatrienio será “decisivo”.
“Necesitamos definir nuestra relación con Estados Unidos”, declaró, advirtiendo que Europa también debe reforzar sus defensas ante el aumento de las tensiones geopolíticas.
Las elecciones se producen tras semanas de confrontación después de que Trump reavivara su histórica ambición de someter Groenlandia a control estadounidense, alegando que la isla es estratégicamente vital en el Ártico ante la intensificación de la competencia con Rusia y China. El territorio, con una población de aproximadamente 57 mil personas, alberga una antigua base militar estadounidense y se encuentra entre Norteamérica y Europa, a lo largo de rutas clave de misiles y navegación.
La negativa de Frederiksen a negociar la soberanía de Groenlandia impulsó su posición política a nivel nacional. Sus socialdemócratas, cuyo apoyo cayó a alrededor del 17-18% a finales del año pasado tras perder Copenhague en las elecciones municipales de noviembre por primera vez en más de un siglo, han repuntado hasta aproximadamente el 22% en encuestas recientes.
La crisis también ha elevado el papel político de Groenlandia en Copenhague. Los 179 escaños del parlamento danés incluyen dos representantes de Groenlandia y dos de las Islas Feroe, y estos mandatos podrían ser decisivos si ninguno de los dos principales bloques —centro izquierda y Verdes versus centro derecha y derecha nacionalista— consigue los 90 escaños necesarios para la mayoría.
El líder de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, ha rechazado lo que calificó como “fantasías” de anexión, subrayando que la isla ya ofrece políticas sociales como atención médica universal, y que el mundo debe respetar tanto el derecho internacional como su derecho a la autodeterminación.
Las encuestas sugieren que, si bien la mayoría de los groenlandeses apoya una eventual independencia, alrededor del 85% se opone a formar parte de Estados Unidos.
Para Dinamarca, la disputa se ha transformado en un referéndum sobre soberanía, seguridad regional y el equilibrio de poder en el Ártico.


