
El gobierno iraní aseguró que está cerca de pactar con Omán una nueva ruta de tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz, aunque dejó en claro que ese entendimiento no supone reabrir el paso, la principal carta de presión que conserva frente a Estados Unidos e Israel.
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“Un acuerdo con el Sultanato de Omán sobre una nueva ruta no tiene relación alguna con que el estrecho se reabra o permanezca cerrado”, afirmó el vocero de la Cancillería, Esmail Baqai, en la televisión estatal.
La distinción es deliberada, ya que Teherán se muestra dispuesto a dialogar sin renunciar al control de hecho que ejerce sobre la vía desde el inicio de la guerra.
El matiz pesa porque por ese corredor transitaba cerca de 20 por ciento del consumo mundial de petróleo antes del conflicto.
Su interrupción figura entre las sacudidas que ha sufrido la economía mundial. Baqai atribuyó el cierre a Washington, al que acusó de un “bloqueo naval” y de “medidas hostiles” contra la república islámica.
Las versiones de ambos bandos, sin embargo, se contradicen de frente.
Bloqueo naval
El presidente estadounidense, Donald Trump, sostuvo el sábado en Truth Social que su país y el Estado de Israel posponían nuevos golpes porque vislumbraba un pacto, el cual, dijo, debía contemplar la apertura “inmediata, completa y total” del estrecho y el fin de la amenaza nuclear iraní.
La agencia estatal Mehr calificó el anuncio de “una nueva mentira” y advirtió que las fuerzas armadas seguían “en máxima alerta”.
El episodio se inscribe en una guerra iniciada el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron por sorpresa a la nación islámica.
A un alto el fuego en abril siguió, a mediados de junio, el llamado acuerdo de 14 puntos de Islamabad, que se derrumbó a principios de julio con la reanudación de los bombardeos.
Los mediadores (Pakistán, Turquía, Catar y Arabia Saudita) buscan reactivar ese entendimiento, sin éxito por ahora.
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El presidente iraní, Masud Pezeshkian, resumió la desconfianza de fondo: “Debemos obligar al enemigo a mantenerse comprometido con lo que ha firmado”.
Cinco meses después del primer ataque, las partes ni siquiera coinciden en qué se está negociando.


