
El cineasta iraquí Hasan Hadi revisita los años más duros del régimen de Sadam Huseín en La tarta del presidente, una película que aborda la dictadura desde una mirada infantil.
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La ‘tarta del presidente’ se centra en la tradición obligatoria de celebrar el cumpleaños del mandatario, un ritual que evidenciaba el control y el miedo que marcaban la vida cotidiana en Irak.
Para su primer largometraje, galardonado con la Cámara de Oro a la mejor ópera prima en el Festival de Cine de Cannes, Hadi recurrió a sus propios recuerdos de infancia. “En aquellos años, tras la invasión de Kuwait en 1990, el país padecía severas sanciones internacionales y escasez de productos básicos, pero aun así se exigía festejar al dictador por todo lo alto”, declaró el realizador.
“Era una de las muchas contradicciones con las que había que vivir”, recordó en entrevista durante la promoción del filme en París. Esa imposición llegaba incluso a las escuelas, donde cada año un sorteo designaba al alumno encargado de preparar el pastel conmemorativo, sin importar que conseguir harina, azúcar o levadura implicara riesgos reales.
Otra perspectiva de la vida bajo el régimen de Sadam Huseín
En la película, esa misión imposible recae en Lamia, una niña de nueve años que debe recorrer la ciudad para reunir los ingredientes y evitar el castigo reservado a quienes fracasan. El relato combina la inocencia infantil con la violencia estructural de un sistema que podía arruinar una vida por un gesto mínimo.
Hadi recordó también que los estudiantes ideaban todo tipo de estrategias para no ser elegidos: esconderse en el baño durante el sorteo, fingir enfermedad o incluso sobornar al profesor. Él logró librarse, pero no olvida a un compañero que no consiguió preparar el pastel, terminó expulsado de la escuela, reclutado siendo aún niño y murió años después. “Por culpa del azar y de lo absurdo, algo tan estúpido como fracasar en preparar un pastel podía cambiar tu destino para siempre”, afirma.

Además de mostrar el impacto de las sanciones y los bombardeos estadounidenses, La tarta del presidente disecciona los efectos profundos de la dictadura. “No destruye solo la libertad de expresión; ataca lo que te hace humano, te obliga a mentir y te vuelve hipócrita”, señala Hadi, quien advierte sobre las señales del posible regreso de regímenes autoritarios.
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Con esta película, el cineasta busca recuperar una etapa poco explorada en el cine iraquí, una industria que nunca logró reponerse del caos posterior a la invasión de 2003. Durante años, incluso los rollos de película estuvieron prohibidos, por lo que Hasan Hadi formó su cultura cinematográfica con cintas VHS obtenidas de manera clandestina.


