
TECATE, BC- Una gran roca y un par de arbustos que formaban una especie de cueva llamaron su atención. El instinto le dijo a Xolo que tomara una pala. Primero entró y apenas dio unos pasos cuando halló la primera evidencia, un montoncito de tierra colocada con una roca encima, “!Livy, Livy! ¡Mira esto!”. Comenzó a cavar hasta que encontró loseta y piedras enterradas, una de ellas húmeda y con un olor inconfundible. “Huélela”, le dijo a la madre buscadora. Ella agarró el pedazo de piedra, la olió y de inmediato lo supo, “es positivo”.
Xolo corrió hasta el carro para traer varilla y palas, regresó al sitio, para ese entonces el olor a muerte ya se paseaba en el aire. Comenzó a palear con todas sus fuerzas; después de cavar y cavar, enterró la pala una vez más y el metal chocó con algo más duro y grande que la tierra y las piedras, al momento de querer moverla sintió cómo algo se desprendía, quitó la tierra y entonces vio que era la cabeza de una persona, de un joven.


