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“Se necesita ver realidades”: La lucha de Sandra Monroy por visibilizar el cáncer de mama

“Mi mayor logro es la visibilidad”, dice Sandra Monroy al mirar el camino que ha recorrido desde que recibió el diagnóstico de cáncer de mama, en 2021.

Hoy ocupa el espacio público para hablar de la enfermedad, compartir información y acompañar a otras mujeres que atraviesan un proceso similar. A sus 40 años, la comunicóloga participa en conferencias, marchas, charlas y espacios digitales. Junto con sus compañeras de Tetas y Rayas, crearon una red de apoyo.

“Un grupo de pacientes para pacientes y para personas que no han enfermado”, define Sandra a la colectiva, que nació desde el 2023. La red no es una fundación ni ofrece recursos económicos. Su trabajo consiste en orientar. Una mujer puede contarle a otra dónde acudir, qué institución encontrar, qué trámite realizar o cómo enfrentar un problema laboral después del diagnóstico.

Colectivo Tetas y Rayas | FB Tetas y Rayas  

En redes sociales ha encontrado personas que apoyan y difunden su trabajo, pero también comentarios violentos. No considera que esa reacción sea motivo para dejar de hablar de la enfermedad. Si mostrar esas realidades genera incomodidad, dice, es porque algo se está moviendo y obliga a mirar lo que suele ocultarse. “Se necesita ver realidades, no ocultarlas”, sostiene.

Tetas y Rayas: La visibilidad como herramienta de resistencia

La colectiva se posiciona desde las calles, como cuando reunió tres mil brasieres en la Glorieta de las Mujeres que Luchan. La acción llevó al espacio público a las mujeres detrás de las cifras.

Sandra conoce esa realidad. A los 36 años recibió el diagnóstico, después de retomar sus chequeos durante la pandemia de COVID-19. Un ultrasonido detectó una lesión y la biopsia confirmó un tumor en etapa 1. Después vino una mastectomía bilateral radical y la decisión de no reconstruirse que, para ella, es una decisión de libertad y privilegio debido a los costos económicos.

Sandra abrió un parteaguas en 2021 con una foto donde aparece acompañada por su madre y sus amistades tras su cirugía. Representó la imagen que suele quedar fuera de las campañas de octubre. Hoy en su torso hay un corazón y flores de colores. “De pronto me doy cuenta que no estoy sola, sino que somos un chorro”, recordó.

Lo que había comenzado como una cuenta de Instagram para procesar su propio diagnóstico se convirtió en Jódete Cáncer, primero como espacio digital y después como libro, publicado en 2022. Más tarde nace Tetas y Rayas.

Médico explicando problemas del cáncer de mama | Foto: IMSS / Cortesía  

Los estragos silenciosos: La vida después del tratamiento

Durante cinco años tomó tamoxifeno, un tratamiento hormonal que, cuenta, le provoca dolores articulares, cansancio y cambios en el estado de ánimo. También aumentó de peso y desarrolló un quiste hemorrágico y endometriosis, condiciones que relaciona con el medicamento.

“Mi relación ha sido complicada, pero justamente no por los pechos, sino por el tratamiento que yo recibí”, dice. Sandra considera que las dificultades que enfrentan las mujeres para sostener sus tratamientos médicos deben ser parte central de la conversación pública.

Romper el mito: La edad no debe minimizar los síntomas

La dimensión de la enfermedad también se refleja en los casos de mujeres jóvenes. Eva Ruvalcaba, subdirectora de Enseñanza de FUCAM, compartió una serie histórica según la cual, entre 2006 y 2020, mil 142 de los 11 mil 551 casos registrados en esa institución correspondieron a pacientes menores de 40 años, es decir, un 9.8 por ciento.

Ruvalcaba advierte que la edad no debe ser motivo para ignorar síntomas mamarios. En mujeres menores de 40 años, el ultrasonido suele ser el estudio inicial, aunque pueden requerirse otras pruebas según los hallazgos. Ante una sospecha y si el personal médico lo considera necesario, también puede realizarse una mastografía.

Por su parte, Yuriria Alejandra Rodríguez Martínez, encargada del Programa de Igualdad de Género de la Facultad de Medicina de la UNAM, señaló que la edad puede convertirse en una barrera cuando los síntomas de una mujer joven se minimizan porque el cáncer se asocia principalmente con adultas mayores. A ello se suman las desigualdades económicas, las responsabilidades de cuidado y las violencias que pueden limitar el acceso a la atención médica.

Yuriria Alejandra Rodríguez Martínez, encargada del Programa de Igualdad de Género de la Facultad de Medicina de la UNAM | Foto: Gaceta Facultad de Medicina  

A cinco años de su diagnóstico, Sandra espera que cada vez más pacientes encuentren información y apoyo en las experiencias compartidas. En ese camino también ha aprendido que cuidarse no significa mantenerse siempre en lucha.

“La acción más rebelde de una mujer es descansar”, concluye.

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