
Desde finales de septiembre, docentes y estudiantes de Francia se movilizan contra el deterioro de las instalaciones, la saturación de las aulas y la escasez, tanto de personal, como de presupuesto.
Aunque datos del Ministerio de Educación y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sitúan el gasto educativo del país en torno al 6.7 por ciento del PIB, sindicatos de profesores como SNES-FSU y CGT Éduc’action advierten que la inversión real en infraestructura e intermediación docente sigue siendo insuficiente.
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La mayor parte de los recursos se absorbe en gastos corrientes y de nómina, lo que deja un margen mínimo para el mantenimiento de planteles; a esto se suman una desigual distribución del gasto entre niveles educativos y la sobrecarga de alumnos por aula, por encima de la media europea.
Los jóvenes franceses también están cansados del Parcoursup, una plataforma introducida en 2018 por el Gobierno de Emmanuel Macron, que determina su futuro académico y deja sin propuesta de plaza universitaria a 126 mil estudiantes.

La rabia juvenil que inició en los liceos de París y se extendió por toda Francia, cruzó fronteras rápidamente, conectando el descontento de miles de estudiantes que hoy convergen en marchas desde la Plaza de la Bastilla hasta la Avenida Libertador General Bernardo O’Higgins, en Santiago de Chile; la chispa encendida en la capital francesa vuelve a demostrar que, cuando los estudiantes toman las calles, el mapa político global se reconfigura.
El efecto dominó en Europa: Bélgica, Albania e Italia
Las protestas francesas cruzaron rápidamente la frontera y llegaron a Bélgica. Iniciaron en liceos y universidades de ciudades como Lieja, Namur y Charleroi, extendiéndose a Bruselas, donde los estudiantes, inspirados por sus vecinos franceses, a principios de octubre tomaron las calles en rechazo al alza de los costos educativos, la masificación en las aulas y las trabas para acceder al material de estudio.

Las protestas continuaron hasta Albania, donde los estudiantes también se movilizan desde la semana pasada contra las políticas de austeridad, el incremento en las matrículas, el deterioro de las instalaciones escolares, la falta de becas y las escasas oportunidades laborales al graduarse, pero sobre todo la administración del Gobierno del primer ministro Edi Rama que aseguran “es la personificación de la corrupción”.
A estas protestas se ha sumado la “Revolución de los Flamencos”, un movimiento bautizado en honor a las aves que habitan la Laguna de Narta, donde el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, impulsa un complejo inmobiliario que los ecologistas albaneses denuncian como una amenaza para el ecosistema.

Bajo el lema de “No Meloni Day”, el 16 de octubre miles de estudiantes italianos tomaron las calles de Roma, Milán, Bolonia, Turín, Génova, Pisa y Nápoles para manifestarse contra el Gobierno de Giorgia Meloni.
Entre sus principales exigencias destacan la mejora de la educación pública, la derogación del tope del 30 % para alumnos extranjeros en las aulas y la adopción de medidas urgentes frente a la crisis climática.
“Nuestras escuelas se están desmoronando”, denunciaron portavoces de la Oposición Estudiantil Alternativa (OSA), quienes reclamaron reorientar hacia el sistema educativo los 13 mil millones de euros previstos para el presupuesto militar.
Las movilizaciones en Italia coincidieron con la jornada de acción global convocada por Fridays for Future contra el calentamiento global y la dependencia de los combustibles fósiles.

Huelga de profesores en España
En Madrid, los docentes de educación pública se mantienen en lucha desde el 27 de septiembre a través de una huelga indefinida convocada por los sindicatos mayoritarios, Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT). Como parte de las movilizaciones, 10 mil profesores cercaron con una cadena humana la Consejería de Educación regional para exigir la mejora de sus condiciones laborales, la reducción del número de alumnos por aula y un plan integral que garantice una enseñanza pública y de calidad desde la educación infantil hasta la universidad. A la protesta se sumó el Sindicato de Estudiantes para luchar, codo a codo, junto al personal docente contra la asfixia económica que sufre el sector.

Protestas estudiantiles en Sudamérica: Chile y Argentina
Las protestas estudiantiles cruzaron el Atlántico hasta llegar a Chile. Desde junio, estudiantes y docentes han tomado las calles. En un principio, las movilizaciones se dirigieron contra la Ley Escuelas Protegidas, una normativa criticada por convertir la seguridad escolar en un mecanismo de control, vigilancia y criminalización.
El malestar social se intensificó en septiembre tras la presentación de la Ley de Presupuestos 2027 por el gobierno de José Antonio Kast. El mandatario dispuso una reducción promedio del 3 por ciento en las partidas de todos los ministerios, siendo Educación el segundo sector más golpeado tras un recorte de 247 millones de dólares.
Este ajuste amenaza la continuidad de programas clave como el de Alimentación Escolar, del cual depende la única comida diaria de miles de niñas, niños y adolescentes.

El descontento estudiantil también traspasó las fronteras en América Latina y se intensificó en Argentina, donde los jóvenes mantienen protestas en las que denuncian que las universidades públicas atraviesan una situación presupuestaria crítica y exigen que el Gobierno de Javier Milei cumpla con la Ley de Financiamiento Universitario.
Esta norma fue aprobada por el Congreso Nacional en septiembre de 2025 y posteriormente vetada por el Poder Ejecutivo, bajo el argumento de que afectaría “gravemente” la sostenibilidad de las finanzas públicas en un contexto de escasez de recursos.

“La generación Z quiere ser la última en sufrir este maltrato”, se leía en la pancarta de un estudiante durante las manifestaciones en la Plaza de la Bastilla, en Francia. Cansados de ser ignorados, los jóvenes han llevado su protesta a las calles en un escenario crecientemente marcado por la escalada de violencia y la dura represión policial.


